
El hombre siempre ha buscado un estado de satisfacción, de plenitud. Todo lo que hace a lo largo de su existencia tiene un solo y único objetivo: ser feliz. Un gran pilar que constituye tan anhelada y auténtica felicidad es el amor, el cual es la entrega de uno mismo a los demás, sentirse tan atraído por el otro que sólo se desee su felicidad. Eso es amar: entregarse libre y mutuamente. Pero el arte de amar no es “color de rosa” del todo, existe el sufrimiento que de una u otra forma condiciona aquella plenitud. Este sufrimiento que no se expresa de forma corporal localizada y definida, sino que es global y difusa. Tiene un sentido de trascendencia y profundidad psíquica, se caracteriza por una sensación de carencia, vacío o ausencia. Vivencialmente el sufrimiento es carencia.Es indudable que frente al goce o satisfacción siempre existe la posibilidad de sufrimiento, incluso hay quienes piensan que este es parte del amar, o que el sufrimiento vivido se llame amor. Por ello surge un gran interrogante: ¿ será necesario sufrir para amar?. Llamarse hombre o mujer y no aceptar que el amor es la fuente de la vida es simplemente no serlo. El corazón humano fue creado para amar, pero es tan oscilante que un día, en júbilo se remonta a las nubes, y otro día herido, desciende a los abismos; En consecuencia, se asume que el amor y el sufrimiento aunque son dos conceptos diferentes van de la mano, a tal punto que podría afirmarse que el camino hacia el amor verdadero debe estar necesariamente empedrado por obstáculos.
Cosmo.E-
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